[ Pobierz całość w formacie PDF ]
.Dueño de todas las cosas, es superior a todas ellas.Por lo tanto, no se plegará ante riesgo alguno, ninguno le parecerá excesivo, ninguno capaz de doblegar a un hombre.Figuras terribles de ver la Muerte y la Fatiga[20]:En modo alguno, sin duda, si uno puede mirarlas con ojos firmes y disipar las tinieblas; muchas cosas consideradas terribles durante la noche, a la luz del día resultan motivo de risa.Figuras terribles de ver la Muerte y la Fatiga:Con acierto dijo nuestro Virgilio que eran terribles no en la realidad, sino a la vista, es decir, que parecen terribles, pero no lo son.¿Qué hay, repito, en ellas tan terrible como la voz pública ha divulgado? ¿Qué motivo hay, Lucilio, te lo ruego, para que un hombre tema la fatiga, un ser mortal la muerte? ¡Tantas veces me encuentro con esos que piensan que no puede hacerse cuanto ellos son incapaces de hacer y que afirman que hablamos de una conducta superior a cuanto la naturaleza humana puede seguir!Mas ¡cuánto mejor juzgo yo de ellos! Ellos mismos pueden también realizar estas obras, pero no quieren.En suma, ¿a quién jamás ellas le han fallado cuando intentaba realizarlas? ¿A quién no le han parecido más fáciles al llevarlas a cabo? No porque son difíciles no nos atrevemos a hacerlas, sino porque no nos atrevemos son difíciles.Si, con todo, echáis de menos un ejemplo, fijaos en Sócrates, un viejo acostumbrado a sufrir[21], zarandeado por toda clase de dificultades, no obstante invicto ante la pobreza que las cargas domésticas hacían más pesada, y ante las fatigas que soportó hasta el fin incluso como soldado.En casa, ¡con qué sufrimientos no fue probado!: recordemos a su mujer, de carácter cruel, de lengua procaz, o a sus hijos rebeldes, más parecidos a la madre que al padre[22].Fuera de casa, en cambio, vivió en la guerra, o bajo la tiranía o en una forma de libertad más inhumana que la guerra o la tiranía.Se combatió veintisiete años[23]; terminada la contienda, la ciudad fue entregada en castigo a los treinta tiranos, de los cuales la mayor parte eran enemigos de Sócrates[24].Por último, se consumó su condena so pretexto de cargos muy graves: se le acusó de profanar la religión y de corromper a la juventud, a la que, según se alegó, instigaba contra los dioses, los padres de familia y el Estado[25].A esto siguió la cárcel y el veneno.Tales infortunios perturbaron tan poco el ánimo de Sócrates que ni siquiera alteraron su semblante.¡Oh gloria esta admirable y singular! Hasta el último momento nadie contempló a Sócrates ni más alegre, ni más triste; se mantuvo igual en tan gran desigualdad de la fortuna[26].¿Quieres otro ejemplo? Fíjate en Marco Catón, el joven, con quien la fortuna se comportó aún más hostil e implacable[27].Aunque en todas partes se le opuso, por último hasta en la muerte, no obstante él mostró que un hombre esforzado puede vivir y morir con fortuna adversa.Toda su existencia transcurrió o en la contienda civil, o en un estado de paz que estaba engendrando la guerra civil; y se puede afirmar que éste, no menos que Sócrates, se distinguió en medio de esclavos, a no ser que opines que Gneo Pompeyo, César y Craso se coaligaron para la libertad.Nadie vio cambiar a Catón en tantos cambios de la República; se mostró el mismo en toda situación: al ser elegido pretor, al ser rechazado, como acusador, en el gobierno de la provincia, en las asambleas, en el ejército, en la muerte.Finalmente, en aquella perturbación de la República, cuando, de un lado, César estaba apoyado por diez legiones muy belicosas y por todas las guarniciones extranjeras, y del otro, Gneo Pompeyo se bastaba él solo contra todo, mientras unos se inclinaban hacia César y otros hacia Pompeyo, sólo Catón formó también un partido en favor de la República.Si quieres abarcar con tu pensamiento la imagen de aquella época, verás de una parte a la plebe y a todo el pueblo, dispuesto a la revuelta, de otra a los optimates y al orden ecuestre, todo cuanto había en la ciudad de venerando y distinguido, y en medio dos abandonados, la República y Catón.Te maravillarás, te lo advierto, cuando reconozcas al Atrida y Príamo y a Aquiles enfurecido contra los dos[28] porque a uno y otro reprueba, a uno y otro desarma.Ésta es la sentencia que emite sobre el uno y sobre el otro: afirma que si César vence, él se dará la muerte, y si vence Pompeyo, partirá al destierro.¿Qué tenía que temer quien había decidido aplicarse a sí mismo, vencido o vencedor, las penas que hubieran podido aplicarle los enemigos más furiosos? Así, pues, murió por propia decisión.Ves cómo los hombres pueden soportar el esfuerzo: a través de los desiertos de África condujo a pie el ejército.Ves cómo se puede resistir la sed: por áridas colinas sin bagaje alguno, conduciendo los restos del ejército derrotado, soportó la carestía de agua con la coraza puesta, y cuantas veces se les brindó la oportunidad del agua, bebió el último.Ves cómo se pueden despreciar los honores y los insultos: el mismo día en que fue rechazado en las elecciones jugó a pelota.Ves cómo es posible no temer el poder de los fuertes: provocó a la vez a Pompeyo y a César, a ninguno de los cuales se atrevía nadie a ofender si no era para granjearse el favor del otro.Ves cómo se puede menospreciar tanto la muerte como el destierro: se impuso a sí mismo el destierro y la muerte y, entretanto, la guerra.En consecuencia, podemos mostrar tanto valor frente a estos males, con tal que decidamos sustraer nuestro cuello al yugo.Mas, en primer lugar, debemos rechazar los placeres: enervan, afeminan y exigen mucho, de modo que mucho es preciso exigir a la fortuna.Luego, debemos despreciar las riquezas: son el salario a pagar por la esclavitud.Abandonemos el oro, la plata y cualquier otra cosa que colma las mansiones de los ricos: la libertad no puede adquirirse gratuitamente.Si a ésta la aprecias mucho, todo lo demás debes apreciarlo poco.[1] Las fiebres invaden Roma, por lo que Séneca se refugia en su finca de Nomento.Al parecer, nos hallamos a mediados de septiembre (año 64), mes poco saludable.La uva está ya madura y Séneca se nutre de ella como de alimento muy apreciado.[2] Pompeya Paulina es la joven segunda esposa de Séneca, muy probablemente la hija del caballero Pompeyo Paulino, el destinatario del diálogo De brevitate vitae, y hermana de Pompeyo Paulino, cónsul suffectus en el 54 y legado propretor de la Germania inferior.Séneca debió de desposarla al regresar de su destierro en Córcega (cf.J.Carcopino, «Choses et gens du pays d’Arles», Rev.de Lyon [janvier-mai, 1922], 64-70).[3] Es el hermano mayor de Séneca, M.Anneo Novato, llamado «señor» por respeto a la edad [ Pobierz całość w formacie PDF ]